Me quedé de piedra.

Me quedé de piedra. Fotograbado, España, 2016

 Muchas veces me han preguntado ¿Qué sentías cuando te amenazaban de muerte? Recordarlo te deja en una situación similar a cuando lo hicieron por primera vez. Se crea un vacío enorme, el corazón se acelera, el tiempo se detiene, se te reseca la boca, sientes que no puedes respirar. Quienes están presentes dicen que te pones blanco, casi transparente.

En los miedos está la diferencia

Una voz ronca y desconocida invade mis oídos

“¡hijueputa lo vamos a matar!”

A cero se reduce la respuesta.

Pasan las horas como si fueran días,

pasan los días como si fueran meses;

el miedo alarga el tiempo,

silencio espeso y largo,

la voz retumba en mi cabeza.

 

Repica el teléfono una y otra vez

tengo miedo de responder,

truena en cuatro ocasiones, respondo…

la misma voz, la misma frase

“¡hijueputa lo vamos a matar!”.

 

Sin musitar palabra espero que llegues,

tenerte cerca es como hablar, es sentir que sigo vivo.

Aprendí, luego de repetidas amenazas, que si no respondes el daño está hecho. Así que decidí confrontar al posible asesino o autor intelectual y responder reflexionando en torno a su propia situación de victimario que se convierte en víctima cuando es juzgado y recluido en una cárcel.

Las violencias verbales se tornaron en coronas florales fúnebres. La primera de ellas fue directamente a la basura, con la segunda hicimos pequeños floreros para adornar la oficina, un pequeño rito para exorcizar el dolor. La voz en las llamadas ahora preguntaba si había recibió el "regalito". Opté por pedirles rosas u orquídeas… no esperaban mi reacción, tal vez por ello se creaba un gran silencio por su parte. Dejaron de enviarlas.

La agresión se transformó en mensaje mortuorio, eso que en Colombia llaman sufragio. Ahora en las llamadas interrogaban por ellas: decidí pedir que no me las enviaran repetidas, dije que las estaba coleccionando; no era verdad.

El daño emocional está instalado en el cerebro, se siente en el cuerpo. En algunas ocasiones, aun algo más de veinte años después, las lágrimas afloran.

El recuerdo se mezcla con la resiliencia, he hecho de lo sucedido poesía, performance, fotografía, grabado, instalación; una forma de ARTivismo. Pero no por eso deja de doler; por suerte el corazón no se nos vuelve de piedra. Aun cuando algo desvencijado, sigue palpitando y dispuesto a reverdecer continuamente.

Me quedé de piedra. Fotograbado, España, 2016. En los miedos está la diferencia, poema de 2015. Obras de Manuel Antonio Velandia Mora realizadas para este proyecto. Velandia es Ganador de la Beca Idartes de apropiación de Bogotá Diversa dirigida a los sectores sociales en la categoría víctimas del conflicto armado colombiano.

 I was shocked.

I have been asked many times: What did you feel when you were threatened with death? Remembering it leaves you in a similar situation as when they did it for the first time. An enormous vacuum is created, your heart races, time stops, your mouth becomes dry, you feel like you can't breathe. Those who are present say that you turn white, almost transparent.

 The difference is in fears

I have been asked many times: What did you feel when you were threatened with death? Remembering it leaves you in a similar situation as when they did it for the first time. An enormous vacuum is created, your heart races, time stops, your mouth becomes dry, you feel like you can't breathe. Those who are present say that you turn white, almost transparent.

 

The difference is in the fears

A hoarse and unknown voice invades my ears

“You son of a bitch, we are going to kill you!”

 

The response is reduced to zero.

Hours pass as if they were days,

The days pass as if they were months;

fear lengthens time,

thick and long silence,

The voice echoes in my head.

 

Ring the phone over and over

I'm afraid to answer,

thunders four times, I respond...

the same voice, the same phrase

“You son of a bitch, we are going to kill you!”

 

Without a word, I hope you arrive,

Having you close is like talking, it's feeling like I'm still alive.

I learned, after repeated threats, that if you don't respond the damage is done. So, I decided to confront the possible murderer or mastermind and respond by reflecting on his own situation as a perpetrator who becomes a victim when he is tried and imprisoned in prison.

The verbal violence turned into funeral floral wreaths. The first of them went directly into the trash, with the second we made small vases to decorate the office, a small ritual to exorcise the pain. The voice on the calls now asked if he had received the "little gift." I chose to ask them for roses or orchids... I didn't expect them.

The aggression became a mortuary message, what in Colombia they call suffrage. Now in the calls they asked about them: I decided to ask that they not send me repeats, I said that I was collecting them; It was not true.

Emotional damage is installed in the brain, it is felt in the body. On some occasions, even a little more than twenty years later, tears come to the surface.

Memory is mixed with resilience, I have turned what happened into poetry, performance, photography, engraving, installation; a form of ARTivism. But that doesn't stop it from hurting; Luckily our hearts do not turn to stone. Even if somewhat dilapidated, it continues to pulsate and ready to continually green up.

I was shocked. Photogravure, Spain, 2016. The difference is in fear, poem from 2015. Works by Manuel Antonio Velandia Mora made for this project. Velandia is Winner of the Idartes Bogotá Diversa Appropriation Scholarship aimed at social sectors in the category of victims of the Colombian armed conflict.

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